Tuesday, July 26, 2011

Primeras impresiones.

  
Saludé a mis padres como si los hubiese visto ayer. Siempre me digo que pasaré horas hablando pero lo que tiene que decirse merita encuentros breves sin jactancia de plática. A mi madre le basta mirarme para saber de mi vida y lo banal no merece espacio. Unos minutos en mi haber para contar lo de última hora y el resto sale mientras nos tiramos en su cama a escuchar el concierto de piano de Rachmaninoff, ese se las arregla para arrancarnos confesiones que me deleitan al saberme heredera de su espíritu. Sus ojos de 70 años brillan cuando me habla como fémina y traslucen la pasión que no la abandona y que se transmite de una generación a la otra. Y con la misma intensidad me da las lecciones de maternidad que tanto he echado en falta durante estos largos ocho años. En  pocas palabras describe el mundo interior de mi hija y yo me asombro que lo que me ha tomado años entender  ella lo desglose con una brevedad auténtica, sin necesidad de epítetos.

Afuera juega mi hija con un abuelo que no da para tanto correteo pero disfruta mi infancia nuevamente en la figura de su nieta. Me conmueve ver a este hombre sabio  alfabetizar en las artes de retozo infantil. Al cansarse se sienta y le lee como mismo hacía en mi niñez regodeándose del bichito de la lectura copiosamente diseminado en esta familia; o le inventa lecciones de geografía y la lleva a una América precolombina y a un lejano Oriente.

Sucesión de días que dejan  sabor a perpetuación en mi boca. Imágenes que se repiten cuando la nostalgia me invade sin recato y saboreo la mezcla de mis padres en mi sangre, esa fusión de espíritu e intelecto que me nutre al hacer camino.

2 comments:

  1. Muy bien descrito el regreso a las raíces.

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  2. Es que mis padres son muy grandes, cada uno en su especie ;)

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